Un modelo de negocio renovado
El pasado 21 de Diciembre, y tras un largo y mediático debate, la Ley Sinde finalmente no ha sido aprobada. Es un golpe de efecto para todos aquellos que pretenden mantener un modelo de negocio obsoleto a costa de recortar garantías legales de toda la sociedad, y que, junto con la declaración de ilegalidad del canon digital por la comisión europea, confirman los abusos que se están cometiendo en este país por los supuestos abanderados de la cultura.
Sin embargo, nos consta que muy pocos autores o artistas están contentos por la forma de actuar de las entidades gestoras de derechos y de la industria discográfica, aunque en mayor o menor medida congenien con alguno de sus ideales. Y las escasas cabezas visibles de estas entidades pierden credibilidad a marchas forzadas.
En Anima Adversa respetamos como iguales a todos aquellos autores o artistas que no comparten nuestra visión de una cultura libre. No deja de ser nuestro sueño el poder vivir de la música, y aunque nuestra visión del modelo de negocio es diferente que la de ellos, el dinero es siempre un problema.
La solución que se plantea desde el mundo de la cultura libre es sencilla: el directo. Para nosotros, un artista tiene el derecho y el deber moral de defender su música en directo, y creemos que la música grabada en sí tiene un valor mucho menor, aunque no por ello mínimo. La música se graba para que pueda ser escuchada por el mayor número de orejas, entrar en el mayor número de corazones, provocar el máximo nivel de emociones y formar parte del mayor número posible de experiencias. Poner un precio a eso es limitar todas estas expresiones.
La obra en sí no es una ejecución en un momento dado; es su ideal, expresado de formas diferentes en cada directo y en cada vez que una persona la imagina. La grabación no deja de ser una forma de que permitir la comprensión profunda de la canción sin necesidad de partituras. Sin que sea opuesto a esta idea, es lógico cobrar los costes de soporte físico cuando se den (CDs, partes gráficas), pero intentar ganar dinero a partir del pingüe beneficio que se obtiene de la venta de un CD es poco menos que ridículo. Pero para aquellos que siguen pensando que poner precio a una grabación física es beneficioso, tenemos que recordarles que hoy día, el consumo de música es infinitamente mayor en reproductores multimedia o equipos informáticos que en CD.
El CD, al contrario de lo que se piensa, no está muerto: es la expresión máxima de la grabación, y la mejor forma de encontrar el detalle a cosas que tienen mucho trabajo detrás. Os recomendamos afinar el oído hasta descubrir pequeños matices en la grabación que hacen que las cosas sean como son. Sin embargo, el consumo de música está mucho más extendido hoy en día, hacia los reproductores portátiles y equipos informáticos.
Y es aquí donde los autores y artistas deberían encontrar su modelo de negocio. Poca gente es informática, y con la aparición de servicios de radio bajo demanda y streaming (Spotify, Youtube o Grooveshark entre otros), la descarga de contenidos, tanto piratas como libres, está decayendo. La sociedad requiere de un acceso rápido a la cultura, y hoy por hoy, es mucho más sencillo instalar Spotify (que recordamos, es un servicio de música bajo demanda peer to peer financiado en base a publicidad, y con convenios con empresas discográficas), buscar la canción y escucharla que ir a una página determinada, buscar, esperar la descarga, bajar el disco, descomprimir y escuchar.
Es por ello que una facilitación de este modelo; un gestor unificado de contenido mediante convenios con las discográficas, y una tarifa plana de suscripción a estos servicios (por ejemplo, incluída con el mismo precio del ADSL, por otra parte, también abusivamente alto, pero eso es harina de otro costal) puede ser una manera fiable de rentabilizar la música grabada. Si el ministerio de cultura comenzara este tipo de iniciativas, en vez de la criminalización de páginas de enlaces, otro gallo cantaría; aunque el dinero retribuiría otra vez a los mismos (las gestoras serían las encargadas de ello, por eso no creemos en el pago por la música grabada), la difusión sería mucho más controlada para aquellos que prefieran este modelo, y creo que sería un servicio con futuro, con mucha proyección, y con grandes posibilidades de ampliación, como es el caso de la publicidad.
Resumen: la sociedad no quiere descargarse canciones, la gente quiere oírlas y poder acceder a ellas cuando quieran. Una pequeña tarifa plana de servicio aumentaría muchísimo la recaudación de las empresas discográficas, puesto que, cuanto más barato, mayor número de gente lo contrataría, y el beneficio retribuiría directamente sobre las empresas del modelo tradicional. Para todos los demás, cultura libre.
[...] unos precios más adecuados a los bienes culturales, la compra de bienes físicos (si bien tenemos nuestra propia opinión sobre el futuro y el modelo de mercado) sería mucho más sencilla, y no un acto de lujo, como lo es actualmente. El precio al que [...]
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