El Disfraz de la Mariposa: un canto a la desesperanza

El mundo está hecho para los triunfadores, aunque los requisitos para ingresar en este “selecto club” sean laxos.

La trama “El disfraz de la Mariposa” se estructura en cuatro partes en las que nuestro protagonista, William, o en su defecto el narrador, canta sus reflexiones, cada vez más tenebrosas, sobre el mundo en que vive. En su primer lamento, habla de su incomprensión de una realidad que le parece enfermiza y sin sentido, hasta el punto de sentir cómo puede tocar el olor u oler el color. Es entonces cuando se plantea la muerte como una solución dulce, como un sueño eterno libre de las pesadillas que le atormentan. A pesar de esa idea: nuestro protagonista reconocerá que nadie se quiere morir, o que lo maravilloso sería “vivir sin despertar”.

La inversión de su mundo se traducirá en una fundada creencia de que él mismo está invertido. Sintiéndose traicionado por sus pasiones decide asesinar a su mujer, último vínculo que le ata con su vida anterior y le impide materializarse en su nuevo ser.
Los cuatro versos están tomados de la traducción española de la película El Club de los Poetas Muertos.

A partir de este punto, el canto del protagonista es la amargura asumida. Reivindica su condición de hijo pródigo de dios, de ángel caído, aceptando que sólo vivirá honestamente consigo mismo en la senda de la amargura. Ese sentimiento le casa con las tinieblas. Un matrimonio entre víctima y verdugo, pensamiento que no por ello dejará de torturarle.

Abro los ojos y sólo veo cementerios de soledad
(cada mañana, al despertar, mire donde mire me encuentro en la más absoluta y deprimente soledad, hasta la exageración, el hipérbaton de sentirse en un cementerio vacío, donde ni los muertos optan por hacerle compañía)
Mi árbol bodi es un enhiesto alfil azul
(el árbol bodi es el árbol en el que Buda alcanzó el “nirvana”. Según el Budismo, todo budista debe reflexionar bajo la sombra de su árbol bodi para alcanzar la sabiduría suprema. Para William su árbol espiritual no es otra cosa que el ciprés de Silos [enhiesto surtidor de sombra y sueño], que se ha convertido en la figura amenazante de la Iglesia, un alfil de sangre azul, que repudia a los engendros de su clase)
Levanto la tapa de mi hogar, mi eterno hogar,
(Metafóricamente, se siente vivir en un ataúd, del que nunca podrá librarse ya)
Y el artista sella mi epitafio con su tul.
(el artista es dios, el cual, ha marcado su destino fatal, ha escrito su epitafio. William está tan desquiciando que el tul, una tela de malla parecida a la de las faldas de las bailarinas de ballet, le parece la tela de su propio sudario. Así, aunque dios se le muestra afable, él ve en su mano el instrumento de su muerte)
Ahora voy a descansar, en mi abrigo de abedul
(de nuevo, un canto funesto a su nueva cama de madera)
Avisad a los de arriba, que no quiero despertar
(por si alguien se acordara de mi, mis padres o mis amigos. Que todos los muertos, los ángeles y los benditos me olviden, porque no pienso dar marcha atrás. No voy a despertar, no voy a volver a mi vida anterior. La condenación es mi único final. Ya me he hecho a la idea y cada vez me gusta más)
Gusanos, serán mariposas por mis venas
(Es el canto más cáustico y macabro. En este punto ya no tiene dudas sobre lo que es, lo que quiere ser y lo que va a hacer. Es un maldito. Ahora, todo lo que eran gusanos, todo lo que era horrible: la muerte, el asesinato y el dolor, todo lo que le habían dicho que eran gusanos en su cuerpo, ha cambiado. El mal es su aliado, y como tal, los gusanos entran en metamorfosis y adquieren color y belleza. Ahora ha encontrado su camino. El mal le ha liberado y por fin ve la luz. Encuentra la belleza de nuevo al aceptar el mal).
Hasta que decidan cambiar, alma en pena por cadena
(Seré siervo del mal hasta que mi alma torturada, mi alma en pena, termine sus días. El final de mis días es la cadena, la condenación. Es una declaración de intenciones: estáis avisados, hasta que no acabéis conmigo, esto no terminará).

CONTINUARÁ…

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