Sisyphos: el eterno héroe absurdo
En la mitología griega Sísifo era el rey y fundador de Éfira, antigua Corinto. Fue un hombre rico y poderoso, era considerado el más astuto de los hombres.
Por fruto del azar, Sísifo presenció el rapto de la ninfa Egina por parte de Zeus y contó lo acontecido a Asopo, padre de la ninfa.
Zeus, encolerizado llamó a Tánatos (la muerte) para que mandara a Sísifo al inframundo. Sin embargo, Sísifo consiguió eludir a Tánatos y lo apresó. Durante mucho tiempo, nadie murió en el mundo. Hades, dios del inframundo, alarmado por la situación pidió a Zeus que restaurara el orden natural. Así, Zeus mandó a Ares para liberar a Tánatos, dándole la orden de que la primera víctima de la muerte fuera el propio Sísifo.
Sísifo no tuvo más que obedecer y acompañar a Tánatos al inframundo, sin embargo antes de partir suplicó despedirse de su esposa, a la cual pidió que no le enterrase ni celebrara funerales.
Su mujer obedeció. Así, una vez estuvo en el inframundo, se quejó a Hades acerca de la ingratitud de su mujer pidiéndole volver a la Tierra para castigarla por no haberle rendido honor. Tanto se lamentó Sísifo, que finalmente Hades se compadeció de él y le permitió subir a la Tierra por un corto tiempo. Sin embargo, Sísifo aprovechó su nueva situación y escapó a tierras lejanas, con el firme propósito de no volver nunca al inframundo.
Muchos años después, le fallaron las fuerzas para seguir viviendo y eludiendo a la muerte, siendo arrastrado de nuevo a las profundidades subterráneas del mundo.
Hades, que no había olvidado sus continuos intentos por engañarle, le impuso un castigo eterno: empujar montaña arriba una enorme piedra, que siempre se le escaparía de las manos al llegar cerca de la cima, teniendo que volver abajo a buscar la piedra para subirla de nuevo.

En la canción Sisyphos, nuestro protagonista encarna al héroe absurdo, aquel cuyo sueño se convierte en su propio castigo. Es la personificación del trabajo infructuoso, de la meta inalcanzable, causa de las más comunes frustraciones del ser humano.
Sin embargo, Sisyphos es un canto a la esperanza. Cuando Sísifo comprende que el fin no es llegar a la cima, sino el camino en sí. Cuando abre los ojos y es capaz de aceptar y admirar su presente, encontrando lo bello en él, entonces y sólo entonces deja atrás toda frustración y sufrimiento, venciendo así el castigo impuesto por su enemigo: la piedra y la cima seguirán estando ahí, pero la amargura habrá desaparecido, la condena habrá perdido su razón de ser.
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