Uno para despertar
Desde siempre el hombre ha tratado de interpretar sus sueños, darles una explicación, un porqué a ese diálogo del subconsciente con nosotros mismos.
Desde un punto de vista científico y clínico, el sueño se divide en una serie de etapas o fases, cada una de las cuales tiene una serie de características comunes para casi todas las personas. Durante el descanso normal (7-8 horas) estas fases se repiten de manera cíclica unas 6 veces, nunca más. Justo antes de comenzar la séptima fase el hombre se despierta y comienza su vida diaria.
Pero… ¿qué ocurre en ese séptimo sueño perdido?
Hay quien dice que sí que se lleva a cabo ese último ciclo, pero que éste se realiza de manera tan vertiginosa y que en él se suceden tal cantidad de sensaciones e imágenes que el individuo acaba por despertar.
Uno para despertar deja libre la imaginación y vuela a través de ese séptimo sueño. Realidad y ficción se cogen de la mano y viajan a lo largo de un mundo espectacular y fascinante
Las fases del sueño:
Fase I: es la fase de sueño ligero, aquella en la que aún percibimos la mayoría de estímulos que suceden a nuestro alrededor (auditivos y táctiles). El sueño en fase I es poco o nada reparador. En la fase I de sueño la actividad cerebral combina el patrón alfa con el theta de baja amplitud. El tono muscular está disminuido en relación a la vigilia y aparecen movimientos oculares lentos.
Fase II: en esta fase se produce un bloqueo de los ‘inputs’ sensoriales a nivel de tálamo, es decir, nuestro sistema nervioso bloquea las vías de acceso de la información sensorial. Este bloqueo comporta una desconexión del entorno, lo que facilita la conducta de dormir. El sueño de fase II es parcialmente reparador, lo que sugiere que no es suficiente para descansar completamente. En la fase II de sueño, la actividad cerebral es predominantemente theta, aunque aparecen algunas salvas de ondas delta. Son característicos de esta fase los husos de sueño (salvas de 0.5 a 2 segundos de actividad beta de 12 a 14 ciclos por segundo; en inglés, spindles) y los complejos K (ondas bifásicas de gran amplitud). El tono muscular es menor que en fase I, y desaparecen los movimientos oculares.
Fase III: el bloqueo sensorial se intensifica en relación a la fase II, lo que indica una mayor profundidad de sueño. Si nos despertamos en esta fase, nos encontramos confusos y desorientados (en fase IV sucede lo mismo pero aún con mayor intensidad). El sueño de fase III es esencial para que la persona descanse subjetiva y objetivamente. En esta fase, la actividad cerebral es preferentemente delta, aunque con presencia de actividad theta. El tono muscular es aún más reducido que en fase II, y tampoco hay movimientos oculares.
Fase IV: es la fase de mayor profundidad del sueño, en la que la actividad cerebral es más lenta (predominio de actividad delta). Al igual que la fase III, es un período esencial para la restauración física y sobretodo psíquica del organismo (déficits de fase III y IV provocan somnolencia diurna). En esta fase, el tono muscular está muy reducido. Aunque no es la fase típica de los sueños, en algunas ocasiones pueden aparecer. Los sueños de fase IV son en forma de imágenes, luces, figuras, y nunca en forma de historia. La fase IV es la fase en la que se manifiestan alteraciones tan conocidas como el sonambulismo o los terrores nocturnos
Fase MOR: es la fase en que tenemos los sueños típicos, los que se presentan en forma de narración. La actividad eléctrica cerebral de esta fase es rápida, mayoritariamente theta de baja amplitud con ráfagas de actividad beta. El tono muscular es nulo (atonía mmuscular o parálisis), lo que impide que representemos aquello que soñamos. Las alteraciones más típicas de esta fase son las pesadillas, el sueño MOR sin atonía y la parálisis de sueño.
¿Quieres saber más sobre nuestros temas? Entra en la sección Música y navega por cada uno de nuestros discos.
Introducir una respuesta